Friday, April 11, 2014

Otorgar el regalo de la no condenacion produce un impacto mayor que juzgar con la vara de la ley


 


Pero Jesús se fue al Monte de los Olivos. Y al amanecer, vino otra vez al templo, y todo el pueblo venía a Él; y sentándose les enseñaba. Los escribas y los fariseos trajeron una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndole en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo del adulterio. Y en la ley, Moisés nos ordenó apedrear  a esta clase de mujeres; ¿tú, pues qué dices? Decían esto, probándole, para tener de qué acusarle. Pero Jesús se inclinó y con el dedo escribía en la tierra. Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Pero al oír ellos esto, se fueron retirando uno a uno comenzando por los mayores de edad, y dejaron solo a Jesús  y a la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿Dónde están ellos? ¿ninguno te ha condenado? Y ella respondió: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Yo tampoco te condeno. Vete; desde ahora no peques más.

(Juan 8: 1-11 LBLA)

Muchas veces traemos prejuicios que proyectamos sobre las personas a nuestro al rededor. Es algo que hacemos inconscientemente. Cuando lo hacemos sentimos que nosotros estamos en lo correcto y los otros no, porque tenemos argumentos, porque hemos oído lo que ha pasado, porque la persona a la que juzgamos ha cruzado la línea y ha hecho algo indebido.  Nos disponemos, entonces como el grupo de fariseos a descargar nuestras piedras sobre la víctima por el justo precio que ha de pagar. “Copió en el examen” o “ofendió gravemente a este maestro” o “rompió el código de honor”.

Hace falta un maestro de la ley para  ejecutar la ley, pero hace falta un maestro de corazón para otorgar el regalo de la no condenación. No es que la mujer no fuera culpable, sino que a pesar de serlo Jesús, siendo el único capaz de condenarla no lo hizo. En su lugar decidió no juzgarla, perdonarla, redimirla y animarla a dejar de pecar. La ley no podía darle una segunda oportunidad, de hecho la hubieran apedreado allí mismo para deshonra suya y de su familia. Sin embargo, la gracia le dio una segunda oportunidad, la cual yo creo honestamente causó un impacto transformador en su vida.

Todavía lo recuerdo como si fuera ayer, yo era un joven inocente, bien intencionado, pero con un serio problema de impulsividad. Un día, mi maestro de diseño me dijo que me lavase las manos a lo que toda la clase se rio de mí. Me sentí hervir por dentro, me levanté y le dije en voz alta que se lavase él la lengua. Se hizo un silencio sepulcral. Acto seguido, me llevó ante el director donde se encontraban el subdirector y otros tres maestros. Mi maestro de diseño me lanzó a la sala explicando lo que había sucedido. Inmediatamente el Director reaccionó: “¡cómo no!, eres igual que tus hermanos. ¿Te crees superior a los demás no?” Nada de lo que estaba diciendo sobre mí era cierto. Estaba proyectando experiencias que había tenido con mis hermanos mayores. Yo estaba asustado, confundido y todavía no era consciente de lo que estaba pasando. Intenté explicarme, pero una y otra vez me interrumpía con ataques sobre mis fallas. Miré  alrededor de la oficina y encontré el rostro de mi querida maestra Pepa Rico. Ella tenía los ojos llorosos de verme en aquella situación. Entonces Pepa intervino “Yo conozco muy bien a Javi y sé que él no diría eso en una situación normal. Sin duda ha sido un evento aislado y desafortunado ¿Verdad Javi? Me dijo, dulcemente. “Si, así es” dije yo. Pedí disculpas a mi maestro y el director dejó de hostigarme.

Pepa me dio el regalo de la no condenación y de la compasión. Ese evento causó en mi mucho más impacto  de lo que lo hubiera hecho la condenación proveniente del juicio que ya se habían hecho los otros maestros. Miremos a nuestros estudiantes con ojos de compasión, practiquemos el dar el regalo de la no condenación para ver vidas transformase, corazones nuevos y sinceramente dispuestos a hacer el bien. Sigamos hoy el modelo de Jesús.

 

No comments:

Post a Comment