¿Acaso con todas sus preocupaciones
pueden añadir un solo momento a su vida?
(Mateo 6:27 NTV)
Pre-ocuparse es ocuparse de algo antes de
su debido tiempo. Es decir, es tener nuestra mente dividida entre el ahora y
algo que está por llegar, pero no perteneciente al ahora. Preocuparse también
tiene la connotación negativa de estresarse, sufrir, anticipar un resultado
negativo y trabajar mentalmente para tratar de resolverlo.
En ese estado mental el maestro no puede
hacer lo realmente importante de la enseñanza: estar presente en el proceso de
acompañamiento de sus estudiantes. Una mente saturada es una mente inquieta y
la mayoría del tiempo desenfocada. Al preocuparnos no percibimos claramente lo
que sucede a nuestro alrededor, no detectamos las señas que nos pueden indicar
la necesidad ajena. Jesús nos dice que pongamos a un lado todos esos
pensamientos, que seamos disciplinados en limpiar nuestra mente y que vivamos
nuestro día a día con una presencia consciente.
Como maestros muchas veces vivimos
consumidos por miles de pensamientos que bombardean nuestra mente. Un maestro
ejerce muchos papeles: administrador, planificador, ejecutor, pedagogo,
consejero, mentor…entre otros muchos. Luego tenemos una vida fuera de la
escuela, en la cual somos padres, esposos, hijos, hermanos, amigos…y una larga
lista. Todos esos papeles conllevan obligaciones, responsabilidades y cosas
pendientes. Si no aprendemos a vivir en el momento presente y honrar el papel
que estamos desarrollando terminamos mezclándolo todo.
Nuestro día está lleno de decisiones que
tomar, una larga lista de cosas que hacer (unas pendientes, otras urgentes,
unas a largo plazo y otras a medio o corto). No existe una forma de ser
eficiente más que estando presente, hacer lo que necesitas hacer sin querer
estar en ningún otro lugar que no sea ahora.
Para ello es esencial crear un ambiente
de paz en tu día a día. Yo, por ejemplo, trato de levantarme temprano siempre,
orar, leer las escrituras, escuchar música que me inspire y me edifique. Llego
al trabajo una hora y media, a veces dos horas antes del inicio de las clases.
Lo cierto es que no necesito llegar tan temprano, pero a mí me gusta. Preparo
mi día en silencio o con música de fondo que me relaje, ordeno mis
pensamientos, alineo mis sentimientos a la atmosfera de paz con la que desperté
y a partir de ahí todas las decisiones que tomo a lo largo del día son un
resultado de esa atmosfera de paz que creé por la mañana.
Jesús nos anima a que vivamos en ese
estado de conciencia de paz interior en la cual somos mucho más eficientes,
pues existen menos voces interiores luchando por ser atendidas primero. Creando
ese ambiente de paz, es fácil distinguir cual es la necesidad emergente del
momento, la cual atendemos con completa presencia, ya sea preparación,
atención, escucha o acompañamiento personal. Nuestra mente, corazón y presencia
están completamente involucrados en aquello que hacemos, sin división, sin
distracción, sin condiciones.

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