Wednesday, April 23, 2014

De nada sirve preocuparse


 
¿Acaso con todas sus preocupaciones pueden añadir un solo momento a su vida?

(Mateo 6:27 NTV)

Pre-ocuparse es ocuparse de algo antes de su debido tiempo. Es decir, es tener nuestra mente dividida entre el ahora y algo que está por llegar, pero no perteneciente al ahora. Preocuparse también tiene la connotación negativa de estresarse, sufrir, anticipar un resultado negativo y trabajar mentalmente para tratar de resolverlo.

En ese estado mental el maestro no puede hacer lo realmente importante de la enseñanza: estar presente en el proceso de acompañamiento de sus estudiantes. Una mente saturada es una mente inquieta y la mayoría del tiempo desenfocada. Al preocuparnos no percibimos claramente lo que sucede a nuestro alrededor, no detectamos las señas que nos pueden indicar la necesidad ajena. Jesús nos dice que pongamos a un lado todos esos pensamientos, que seamos disciplinados en limpiar nuestra mente y que vivamos nuestro día a día con una presencia consciente.

Como maestros muchas veces vivimos consumidos por miles de pensamientos que bombardean nuestra mente. Un maestro ejerce muchos papeles: administrador, planificador, ejecutor, pedagogo, consejero, mentor…entre otros muchos. Luego tenemos una vida fuera de la escuela, en la cual somos padres, esposos, hijos, hermanos, amigos…y una larga lista. Todos esos papeles conllevan obligaciones, responsabilidades y cosas pendientes. Si no aprendemos a vivir en el momento presente y honrar el papel que estamos desarrollando terminamos mezclándolo todo.

Nuestro día está lleno de decisiones que tomar, una larga lista de cosas que hacer (unas pendientes, otras urgentes, unas a largo plazo y otras a medio o corto). No existe una forma de ser eficiente más que estando presente, hacer lo que necesitas hacer sin querer estar en ningún otro lugar que no sea ahora.

Para ello es esencial crear un ambiente de paz en tu día a día. Yo, por ejemplo, trato de levantarme temprano siempre, orar, leer las escrituras, escuchar música que me inspire y me edifique. Llego al trabajo una hora y media, a veces dos horas antes del inicio de las clases. Lo cierto es que no necesito llegar tan temprano, pero a mí me gusta. Preparo mi día en silencio o con música de fondo que me relaje, ordeno mis pensamientos, alineo mis sentimientos a la atmosfera de paz con la que desperté y a partir de ahí todas las decisiones que tomo a lo largo del día son un resultado de esa atmosfera de paz que creé por la mañana.

Jesús nos anima a que vivamos en ese estado de conciencia de paz interior en la cual somos mucho más eficientes, pues existen menos voces interiores luchando por ser atendidas primero. Creando ese ambiente de paz, es fácil distinguir cual es la necesidad emergente del momento, la cual atendemos con completa presencia, ya sea preparación, atención, escucha o acompañamiento personal. Nuestra mente, corazón y presencia están completamente involucrados en aquello que hacemos, sin división, sin distracción, sin condiciones.  

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