Wednesday, April 16, 2014

Dejad que los niños se acerquen a mí


 
Y le traían niños para que los tocara; y los discípulos los reprendieron. Pero cuendo Jesús vio esto, se indignó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí; no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios. En verdad os digo: el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y tomándolos en sus brazos, los bendecía, poniendo las manos sobre ellos.

(Marcos 10:13-14 LBLA)

Jesús tenía realmente un corazón de maestro. Si hay algo que le gustaba era estar rodeado de niños.  En ellos Jesús veía pureza, inocencia, alegría y receptividad para recibir el mensaje que gracia que traía al mundo. El maestro de corazón siente alegría genuina de estar rodeado de niños, porque no sólo es parte de su profesión, sino que es gran parte de su vida. Sin embargo, hay personas que entran a la profesión de maestros teniendo casi fobia a estar con niños. Nada más que disfrutan sus momentos a solas en su oficina corrigiendo en la paz y la tranquilidad de la soledad.

Jesús nos enseña que un maestro de corazón es aquel que disfruta de la presencia de la gente, que sabe vivir rodeado de personas, perfectas o imperfectas. Sus enseñanzas nos muestran cómo amar a los que son difíciles de amar, como perdonar aunque a veces no entendamos a los que nos ofenden, a tratar a los demás igual que nos gustaría ser tratados a nosotros. La mayoría de las enseñanzas de Jesús son horizontales, es decir, para ayudarnos a relacionarnos mejor con nuestros semejantes. Sin embargo aquí da una clave muy interesante de sus enseñanzas verticales, es decir aquellas que nos unen a lo divino. Jesús dice que solamente aquellos que tengan corazón de niño podrán entrar en el reino de Dios. En otras palabras, tan sólo aquellos adultos que se despojen de su dureza de corazón emocional y abracen la inocencia, la pureza y la transparencia de un niño entenderán el mensaje completo de sus enseñanzas.

¿Cómo puede un maestro amar más a los niños? Volviéndose él mismo como uno de esos niños. El maestro que nunca deja de ser un niño de corazón puro y limpio, no puede entenderlos y por lo tanto no anhela estar rodeado de ellos. Convertirse en niño implica dejar todos los prejuicios, las ideas preconcebidas, nuestras leyes y regulaciones estrictas, nuestra demanda de ser respetados por nuestros galones. En lugar de eso, convertirse en niño supone tener el valor de ser quien eres realmente, mostrarte vulnerable y transparente con tus estudiantes.

Sigamos hoy el modelo de Jesús, siendo maestros que disfrutamos de la presencia de nuestros estudiantes, estando presente en cada momento del día, dejando que se acerquen a nosotros para escucharlos, bendecirlos con nuestras palabras de ánimo y acompañarlos en su camino.

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