Sunday, March 23, 2014


Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres
(Mateo 5: 13 LBLA)

Cuando decimos que una persona tiene “salero” queremos decir que tiene gracia, algo auténtico que los distingue de los demás. Lo que Jesús está diciendo en este pasaje es que si perdemos nuestra esencia, aquello que nos distingue del resto de las personas, terminaremos siendo quienes no somos y por lo tanto perdiendo nuestra capacidad de impactar a otros con nuestra presencia única. La esencia de una persona se puede definir con las siguientes cualidades:

Entusiasmo por vivir

Sentido del humor

Empatía por los demás

Naturalidad

Cercanía

Imaginación

Autenticidad

Si como maestros hemos creado una doble identidad, más seria y solemne, para mantener la disciplina o para hacernos respetar, ese papel terminará por fosilizarse en tanto estemos al frente de nuestra clase. Jesús nos anima a que como maestros decidamos ser nosotros mismos y traigamos esa parte nuestra al salón de clase. No debemos de tener miedo de mostrarnos como somos, de hablarles de quiénes éramos y cuáles son nuestros sueños en la vida.

Esa sinceridad trae una brisa de aire fresco a tu día a día y a la dinámica con tus estudiantes, los cuales se sienten más a gusto contigo. Esa cercanía permite en última instancia reír con ellos y disfrutar de la enseñanza. El otro día fue el día de la francofonía en mi escuela y yo hablé español con acento francés como una broma. Mis estudiantes se rieron tanto que me contagiaron. Por más de diez minutos no pude dejar de reírme, hasta que finalmente recuperé la compostura otra vez.

No estoy diciendo que no hay ocasiones en las que debas poner disciplina o que sucedan cosas desagradables. Estas pueden suceder, sin embargo es vital que evites que ese hecho siente un precedente y cambie tu humor por el resto de tu día o tal vez tu semana o peor aún que establezca una dinámica distante con tu clase. El rey Salomón dice en Proverbios 4:23 “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”.

De manera que, sé tú mismo en tu aula. Trae tu lado más auténtico y hazlo parte de tus lecciones, incorpora el sentido del humor, la alegría, el entusiasmo y la imaginación a tu día a día escolar y contempla como tu relación con tus estudiantes llega a nuevos niveles. Preserva la sal de tu personalidad, guarda tu esencia y por sobre todas las cosas guarda tu corazón, porque de él emanará aquello que enseñas.

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