Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se
puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino
sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille
vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones
(Mateo 5:14-16 LBLA)
La luz representa todo lo bueno del ser
humano: la belleza, el amor, el buen ejemplo, la obra desinteresada, la
generosidad, la honestidad, el sacrificio, la valentía, el desapego, la
compasión o la amistad entre muchos otros. Es decir, Jesús les está diciendo a
sus discípulos que ellos son todo eso. Sin embargo, la realidad bajo un prisma
humano era muy distinta de lo que él estaba diciendo. Mateo era recolector de impuestos,
Pedro un pescador, impulsivo y mal hablado, Tomás no confiaba en nadie, Juan
era consentido y hasta cierto punto vanidoso. Ninguno de sus discípulos al
momento de Jesús llamarlos así era la luz del mundo. No obstante, el maestro
eligió llamarlos la luz del mundo, mirando a través de sus ojos de fe.
Fue un paso más allá y les dijo “si la
luz está en vosotros, no la escondáis, salid al mundo y mostrad vuestras buenas
obras”. Ahora no sólo les está diciendo que la bondad, el valor, la generosidad
y la compasión reside en ellos, les está diciendo que hagan algo con esas
cualidades benignas que ya tienen dentro. Yo me imagino que la primera reacción
de los discípulos fue de incredulidad “¿Yo soy la luz del mundo?”, “¿Jesús
quiere que mi luz brille delante de los hombres? ¿Cómo lo voy a hacer, si ni
siquiera puedo dominar mis propios impulsos?”. Pero lo cierto es que ese grupo
de hombres temerosos, inseguros y dependientes de su maestro hicieron de tripas
corazón y salieron a mundo y lo transformaron, llevando las buenas noticias del
evangelio y sacrificando, en última instancia, su vida por aquello en lo que
creían era la causa más noble que haya existido.
La pre-adolescencia y la adolescencia
están llenas de oscuridad. El joven sueña apasionadamente con hacer grandes
cosas pero las miles de interrogantes sumadas a la confusión de encontrarse en
un periodo de transición físico, emocional e incluso mental, hacen que el
adolescente tenga poca estabilidad. Un día está seguro de lo que quiere hacer
en la vida y al otro cambia de opinión. Esta convulsión le impide visualizar su
destino con ojos de fe y es aquí donde el maestro de corazón debe ofrecer sus
palabras de fe sobre su vida.
Ya tienes todo lo que necesitas. Tus
dones no llegarán mañana, ni en un año, ni en diez ya habitan en tu interior.
No tienes que esperar para hacer buenas obras porque eres joven y no tienes
dinero, puedes donar tu tiempo, tu energía, tu pasión. No tienes que tener un
puesto de influencia para cambiar el mundo, en el lugar en el que estás puedes
hacer la diferencia. Brilla allí a donde estás, saca a la luz todo el potencial
que hay en ti que ya está vivo y esperando despertar.
La adolescencia es el periodo más
apasionante del ser humano. El adolescente tiene una capacidad de soñar como
nunca tendremos. El adulto es bueno calculando, analizando tomando
precauciones, pero es la valentía, el coraje el ingenio y la osadía de jóvenes
la que ha impulsado a la humanidad y conquistar nuevos terrenos. Despertemos el
potencial de nuestros estudiantes haciéndoles saber que ellos son personas que
van a hacer algo grande, que su aportación puede cambiar el curso de la
historia, que su corazón puede brillar tanto que ilumine por donde quiera que
caminen. Seamos el detonante que necesitan para desarrollar todo lo bueno que
ya existe en su interior.

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