Y había allí seis tinajas de piedra, puestas para ser usadas en el rito de
la purificación de los judíos; en cada una cabían dos o tres cántaros. Jesús les
dijo: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde.
(Juan 2:5-7 LBLA)
En el primer milagro que realiza Jesús demuestra su creatividad y rapidez de
pensamiento. Es curioso que elige esas tinajas, que normalmente se utilizaban
para rituales de purificación serios y ceremoniosos. Sin embargo, cuando Jesús
las usa para transformar el agua el vino el resultado es vida y celebración. Es
decir, Jesús utiliza algo tradicional, para transformarlo en algo poco
convencional, algo serio, pasa a ser algo que celebra la vida.
El principio pedagógico detrás de este pasaje es muy importante y apunta a
la capacidad del maestro de utilizar su material a través de su propia creatividad.
Yo no estoy diciendo que un maestro deba improvisar todo el tiempo. Estoy de
acuerdo con seguir un temario y un libro de texto. Pero la cualidad de traer la
vida a aquello que enseñamos es lo que crea la diferencia entre un ritual
impersonal y una lección que se recordará de por vida.
De hecho, es curioso, que la palabra creatividad se pueda descomponer de la
siguiente manera “crea-en-ti-vida”. Es decir, en tanto el docente busca en su
interior soluciones creativas para presentar material ya establecido la
dinámica de la clase seguirá viva, vibrante y llena de contenido significativo
tanto para los estudiantes como para el propio maestro.
No importa tanto QUÉ enseñamos sino el CÓMO lo enseñamos. En un estudio realizado en una prestigiosa
universidad amerciana quería probar los efectos de la creatividad en las
personas y su interacción. Los estudiantes eligieron la salida de una estación
de metro en la que había una escalera mecánica y una convencional. Naturalmente,
todo el mundo elegía la mecánica, puesto que era más fácil y requería menos
esfuerzo. Los estudiantes idearon una forma para que todo el mundo cambiase de
opinión y subiera por las otras escaleras, a pesar de ser más trabajoso.
Durante la noche, pintaron las escaleras como si fueran un piano e incluso hicieron
que sonaran al pisarlas. A la mañana siguiente, los estudiantes se sentaron en
la sala de cámaras a comprobar el resultado de su experimento. Asombrados
contemplaron como todo el mundo, incluyendo ancianos, niños, conocidos y desconocidos
subían por las esclareas convencionales jugando mientras tocaban el piano juntos
con sus pies. Los viandantes no sólo decidieron subir las escaleras, a pesar de su dificultad, sino que cooperaron en grupos de manera espontánea
y desinteresada.
La creatividad hace que nuestros estudiantes hagan aquello que es más
difícil pero más benficioso sin esfuerzo, hace que cooperen y se relaciones de una manera más sana
y saludable y por último también trae la vida a ambos estudiantes y maestros.
Sigamos el modelo de Jesús y transformemos el agua en vino, lo tradicional en poco convencional.

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