Friday, March 21, 2014

Mirar las posibilidades y no las debilidades

Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia.
(Mateo16:18 LBLA)
Es curioso porque de todos los discípulos Pedro es el más inestable e impulsivo. Si yo tuviera que elegir un líder para sucederme en mi empresa Simón sería la última persona en la que yo pensaría. Siempre hablaba antes de pensar, era de temperamento acalorado y con poca paciencia. De hecho, poco después de que Jesús le declarase la roca sobre la que fundaría su iglesia, Pedro negó a su buen maestro y amigo, no una sino tres veces.
Sin embargo, Jesús vio su corazón. Él pudo ver que en su futuro había algo diferente a su pasado, vio sus posibilidades y no sus debilidades. Por eso le cambió su nombre, de Simón (hoja de hierba) por Pedro (piedra). Jesús quería cambiar su nombre porque sabía que Pedro no cambiaría de la noche a la mañana y que todavía mostraría su lado más humano e imperfecto.
Jesús vio con ojos de fe a Simón y lo llamó Pedro, y aún fue más lejos y lo nombró la piedra sobre la que edificaría su iglesia. Es decir, Jesús llamó lo que no era como si ya fuera. El principio pedagógico detrás de este pasaje es muy poderoso. Como maestros debemos mirar no a la actuación de nuestros estudiantes sino a su corazón. Mirando hacia el futuro, con ojos de fe debemos declarar algo bueno en su futuro. Cuando lo hacemos algo sucede en su interior. Aunque con los años sigan mostrando los mismos patrones de impulsividad, distracción o falta de atención su corazón está germinando una semilla que se habló tiempo atrás. Y es sólo cuestión de tiempo que esa semilla se convierta en un fruto.
Como maestros podemos imitar el modelo de Jesús declarando un futuro prometedor sobre la vida de nuestros estudiantes, independientemente de su actuación actual. Si miramos a su corazón y vemos sus posibilidades y no sus debilidades.
Yo soy un vivo ejemplo de esa práctica, pues yo era un mal estudiante. Repetí dos años en secundaria, pero aun así tuve dos maestros (Antonio Matás y Pepa Rico) que se atrevieron a llamarme talentoso, creativo, diligente, enfocado, cuando yo no veía nada de eso. Nadie pensaba que llegaría a la universidad pero llegué, gracias a una nueva motivación nacida de su depósito de fe en mí. Terminé la universidad y proseguí con mi Máster en EEUU. Hoy día puedo decir, que lo que hicieron mis maestros no les costó dinero, no les llevó mucho tiempo, solamente lo hicieron sinceramente desde el fondo de su corazón. Sin embargo, los resultados de esas palabras de esperanza cambiaron mi vida para siempre.
Así que os animo a que llaméis a aquello que no es como si lo fuera, os animo a mirar al corazón de vuestros estudiantes y no a sus resultados.

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