Tuesday, March 25, 2014

Las enseñanzas del corazón del maestro perduran toda una vida

 
Aquel que tiene corazón de maestro busca ocasiones para enseñar lecciones de por vida. Es increíble para mí pensar que las lecciones que Jesús plantó en los corazones de sus discípulos duraron en su retina toda una vida, transformándola de una manera irreversible. Mateo no escribió su evangelio hasta el 60 o el 65 D.C. Marcos escribió suyo entre el 55 y el 65 D.C. Lucas, doctor de profesión, decidió escribir su evangelio en el 60 D.C. El último en sumarse a contar la historia de Jesús fue Juan, el discípulo amado, casi 90 años después de la muerte de su querido maestro!!
Las huellas que dejaron las enseñanzas de Jesús marcaron la vida de estos hombres para siempre. Hasta el punto de recordar palabra por palabra cada una de las lecciones que de él recibieron. Jesús siempre buscó el momento adecuado, el lugar preciso y la persona que más necesitaba escuchar la lección que él tenía para sus discípulos. Las palabras de Jesús están cargadas de significado, autoridad, sabiduría y sobre todo amor.
Como maestros podemos sentirnos limitados en nuestra habilidad de impactar la vida de nuestros estudiantes de esa manera. Pero a veces las cosas que menos podemos imaginar pueden cambiar una vida. El pastor Joel Osteen, contaba una vez esta emocionante historia. La Sra. Thompson enseñaba su última clase de la tarde. Los estudiantes estaban revueltos y con pocas ganas de trabajar. Viendo ella su estado de ánimo, decidió hacer algo diferente para dinamizar el ambiente. Les dio una hoja de papel y les dijo que escribieran su nombre en la parte de arriba. Después pidió que pasasen las hojas por cada uno de los estudiantes, los cuales debían escribir algo positivo que veían en la persona cuyo nombre se hallaba en la hoja.
En la clase se podía sentir la emoción y las risas mientras las hojas pasaban de mano en mano. Al finalizar la actividad, la Sra. Thompson recogió las hojas y se las llevó a casa para pasarlas a limpio. Al día siguiente le entregó a cada niño su carta perfectamente escrita en un documento bellamente decorado. Los estudiantes leyeron atónitos las cosas que sus compañeros habían dicho de ellos. Algunos no podían salir de su asombro. “Wow, no sabía que mis compañeros pensaban eso de mí”, dijo uno de los chicos sorprendido.
Casi 20 años más tarde, la Sra. Thompson recibió un e-mail de que Jerry, uno de los chicos que se hallaba en esa clase, había fallecido trágicamente en combate. La familia la invitaba a su funeral. La Sra. Thompson lloró al conocer la noticia y se presentó a la ceremonia con enorme tristeza en el corazón. Cuando llegó a la casa, su familia, la recibió con gran afecto y cariño. Para sorpresa de la Sra. Thompson la mayoría de los muchachos de aquella clase estaban en el funeral. La mamá de Jerry sacó una hoja de papel arrugada y doblada y se la entregó a la Sra. Thompson diciéndole “Jerry hubiera querido que usted tuviera esto”. La Sra. Thompson abrió la carta y lágrimas rodaron por su mejilla al comprobar que se trataba de la carta que había escrito aquel día. Poco a poco, el resto de los muchachos de la clase comenzaron a sacar de sus billeteras y bolsos la misma hoja que guardaban desde aquel día. La Sra. Thompson no pudo contener las lágrimas de emoción de comprobar lo que una sola actividad causó en las vidas de sus estudiantes.
Nosotros no sabemos que es lo que va a impactar las vidas de nuestros estudiantes, pero sí que debemos de empezar nuestro día con la seguridad de que todo lo que pasa en nuestro salón da forma a las vidas y a los corazones de nuestros estudiantes.
 

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