Pues todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no se acerca a ella por temor a que sus obras queden al descubierto. En cambio, el que prectica la verdad se acerca a la luz, para que se vea claramente que ha hecho sus obras en obediencia a Dios.
(Juan 3:20-21 NVI)
Hay una voz que no podemos silenciar: esa es la voz de nuestra conciencia. Esa voz nunca deja de decirnos cuando estamos alejándonos del camino correcto. Aunque algunos piensan que después de un tiempo la voz de la conciencia deja de advertir, yo pienso que en realidad no es así. La conciencia de la luz y de la verdad siempre continúan vivas en el ser humano. Es por eso que no importa cuánto alguien se haya desviado de su rumbo en la vida, la conciencia de Nuevo le va a indicar un cambio de sentido.
Hasta que un día el corazón está receptive y dispuesto a escuchar. Puede ser un día en el que se sienta débil, perdido, confuse o necesitado. Ese día de rendición, la conciencia le repite una vez más "no puedes tú solo, no sigas por ahí, da la vuelta, existe un camino mejor". Ese día el hombre decide abandoner la obscuridad para dejarse abrazar por la luz, abandona la hipocresia para habitar en la verdad, desiste de hacer todo en sus propios esfuerzos para descansar en la certeza de que Dios obra en su nombre y a su favor. Ese día es un Nuevo amanecer, un nuevo comienzo.
Como maestros sabemos que muchos de nuestros estudiantes, especialmente los adolescents caminan por esa etapa de oscuridad y de confusion, en la cual rehuyen de la autoridad y se niegan a ser controlados. Esa rebeldía es innata al ser humano. Nosotros, al igual que lo hace Dios, debemos esperar pacientemente, hasta que un día se desplomen y se den cuenta de que nuestra intención siempre fue la de restaurarlos, aceptarlos, y amarlos tal y como son. Así que en este día permita que aquellos que están caminando en la obscuridad lo hagan. Tú solamente esperalos pacientemente. mostrandoles la luz y el camino de regreso.
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